miércoles, 26 de abril de 2017

nunca te voy a perdonar

Aquí estamos otra vez. Sujetos tácitos que se descomponen en sus vidas particulares. Tú partiéndote en dos mientras yo en mil. Ojalá supiera por qué soy tan débil, tal vez así pudiera arrancarme lo que fuera que me esté matando. Me ahogo y pienso que mañana será otro día para volver a intentarlo, pero solo es otro día para seguir luchando y seguir odiándote. Odiarte es lo que más me pesa porque se suma a todo lo que te quiero. Y es demasiado para un único cuerpo. Nunca te voy a perdonar que me hayas abandonado como algo que ya está apagado por el tiempo ni que no hayas tenido valor para decirme que te ibas ni para volver a mirarme a los ojos. Eso sentí después de mil días sin verte: que me quitabas la mirada porque nunca me dijiste que ibas a abandonarme en la noche, en la nada.

nos hemos encontrado en el medio, al final lograremos alcanzarnos


Todo lo que no pude responder,
el miedo a querer, a encontrar el remanso,
mi ciudad cuando es primavera y cae el sol,
las seis de la tarde en tus brazos, 
mirarte y no saber por dónde empezar
mirarte y saber que no quiero acabar.
Tu pelo brilla bajo el sol igual que la primera tarde que paseamos juntos, 
toda la poesía desechable que te escribo mientras hablas quiere ser escuchada, 
pero ahora hacemos silencio porque los dos nos estamos escondiendo de algo, 
pero tú te escondes en tu propia piel 
y yo quisiera envolverme en ella para saber qué piensas cuando crees que no te estoy escuchando. 
Tus infinitas pecas caen sobre mí como gotas de lluvia 
y en cinco segundos te estaré robando un beso, 
un día te vas a cansar de verme construir casas de naipes y castillos de arena,
porque no necesito tu paz capitalista, sino esa que me das cuando te vuelves a sentir animal a mi lado, 
cuando no tenemos futuro, ni pasado, ni patria.
Te observo fijamente antes de lanzarme a tu boca una vez más, 
quiero grabar en mi memoria este momento en el que piensas que no entiendo tu pensamiento,
tus ojos azules estarán mirando los míos para siempre.
Ahora me estás sonriendo y estoy convencida de que sabes que pienso "gracias por tanto amor a mitad de semana". 

lunes, 24 de abril de 2017

Sobre la noche que te volví a ver

A más de mil días de distancia del último beso, tu sonrisa triste vuelve a presentarse ante mi mundo, y yo te abro de rodillas, sigo siendo la misma peregrina en el mismo infierno. Te quise tanto un día... que durará por siempre. Ojalá pudiera remediarlo. Ojalá pudiera sacarme los pedazos de tu amor desheredado de los que estoy compuesta, me abriría en canal el pecho si así consiguiera arrancarte de cada parte en la que me dueles. Me abriría en canal. 

viernes, 17 de marzo de 2017

V

Te quise un día de agosto de hace cuatro años y ese día será eterno. Me dejaste y te dije "adiós" aunque no era capaz, aunque no sabía hacerlo. Te marchaste, nada parece ser suficiente cuando todo es demasiado. Nunca es suficiente. Cuando me canso de esta vida en la que no te tengo, cuando me doy cuenta que es verdad que te fuiste (adiós) te echo de menos en mi cuerpo y me aprieta hasta no dejarme respirar. 
Vuelve.  
Tócame despacio la cintura con tus manos congeladas. Sonríeme. Arruga la nariz en ese gesto perfecto por ser tuyo. Devuélveme ese momento que solo tú y yo compartimos, que sólo tú y yo sentimos (nadie más en la historia del mundo lo va a sentir!) cuando era domingo, cuando era de noche, cuando era verano y tal vez me querías, cuando tus manos fueron las primeras en tocarme con tanto amor, con tanta verdad. 

lunes, 13 de febrero de 2017

Siempre junto al mar

Pero cómo me engaño a mí misma. Porque a los que no están dentro es fácil. Pero a la que nació un día como hoy hace cuatro años... ¿cómo la engaño?
Cómo le digo que tú te fuiste de verdad y para siempre, con todo lo que implica "siempre", igual que las cosas que te dije serían eternas (lo siguen siendo). 
Cómo explicarle a la niña pequeña que no puede entender, no quiere entender que ya no volverás a tomar sus manos entre las tuyas, a besarla con precisión quirúrgica junto al mar, siempre al lado del mar. Que todo lo que pudo construir a tu lado no va a ocurrir porque ya no estás. 
Y que la vida se le fue contigo tan lejos como tú. Tan lejos en esta misma ciudad. Y no volver a verte.
Cómo le hago entender que no nos quieres más.
Tres veces tus dedos en mi pelo fueron suficientes para desarmar el miedo. Cierro los ojos y ahí está, todo ese amor otra vez. Todo ese amor. Todo lo mío que fue tuyo pero no te alcanzó. 
Y de nuevo soñarte, esperarte, extrañarte.

jueves, 26 de enero de 2017

lee este, es para ti

Te sueño, te espero, te extraño
Hay cosas que se clavan dentro, no sé decirte dónde porque me duele todo el cuerpo. Son las mismas cosas que te matan si las sacas y te matan lentamente si las dejas. 
Elegí quedarme el mismo día que te fuiste sin decir adiós. No es justo para nadie. 
Las cosas que amenazaban con desaparecer permanecen ineludibles en mi cama (tu perfume, tus manos frías, tu nariz arrugada). 
La vida se detuvo para mí un día de noviembre/diciembre, tú lo sabes mejor que yo. Han pasado dos años ya. No sé si todavía lees lo que te escribo. 
Encontré hace algunos días unos recuerdos de cuando era mayo y hablábamos de caminar juntos otra vez después de algunos años. 
Confié en ti. Ciegamente. 
Se me está haciendo eterno porque todo esto pesa demasiado, y otra vez caerse y levantarse. Y no estás. Elegiste tu camino y se desune del mío, más cada vez, más. 
Perpetuo vaivén, suplicaría de rodillas que vuelvas, pero no lo vas a hacer y yo no lo voy a entender y no voy a estar bien y no va a escampar. 
Pero no será tu culpa. 
Yo no voy a prometerte cosas que no pienso cumplir. 
Yo no.

viernes, 23 de diciembre de 2016

Te miro a los ojos y no me sale la voz

Por qué te fuiste. Otra vez la misma pregunta que jamás contestarás. Por qué me dejaste sola entre tanta gente. Qué te faltó de mi amor, todo eso que no te supe dar. Cómo es que un día alguien se quedó con todo lo que yo había sacado de ti. Y de repente caerse y no poder levantarse. Y tener que aprender nuevamente a creer, a querer. A disfrutar de cada beso porque tal vez mañana él se va como tú lo hiciste un día, hace tanto tiempo ya... No tiene sentido hablarlo. 
Pasa otro año. 
Aún intento sobrevivir con lo poco que dejaste aquella noche, 
o tal vez fue un día. 
Ya no recuerdo cuándo dejaste de quererme, 
o si alguna vez lo hiciste.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Si pienso en ti siento que esta vida no es justa

Desde hace dos años ella es dueña de todo lo que yo quise y quiero. La veo en todas partes y envidio su tranquilidad de saber que es ella, aunque yo sepa que siempre seré yo. La noche se convierte en una tregua en la que me llamas en sueños para contarme que pusiste fin a aquel error que nos separó por tanto tiempo y a nuestras guerras. Vienes corriendo hacia mí y en esta cama que te contuvo respiramos tan cerca que somos un solo cuerpo. Me pides perdón por haberme dejado la puerta abierta la noche aquella que hizo tanto frío, cuando te fuiste sin decirme "me voy". Y yo te perdono por todo. Te digo que nada pudo ni podrá con nosotros. Mi cabeza da vueltas, no puedo creer estar tocando estas manos heladas como un invierno. Tus dedos finos me dibujan la cara y yo me río porque el amor de mi alma no tiene un nombre en castellano como imaginaba, me río porque mi amor está donde debe y soy feliz de saber que ahora va a ser todo lo dichoso que merece. 
La tregua se acaba. No estás.

miércoles, 31 de agosto de 2016

te doy una canción y digo patria, y sigo hablando para ti

Dijo Sabato:
"La verdadera patria del hombre no es el orbe puro que subyugó a Platón. Su verdadera patria, a la que siempre retorna luego de sus periplos ideales, es esta región intermedia y terrenal del alma, este desgarrado territorio en que vivimos, amamos y sufrimos."
Mi patria, por supuesto, eres tú. Ese lugar triste y dulce al que vuelvo de rodillas como una peregrina. Un remanso de paz, una suerte de despedida en la que muero y renazco para ser tuya, para dejar de ser mía. Y otra vez caerse y levantarse, todo ese dolor otra vez. 

sábado, 20 de agosto de 2016

abran fuego

¿Cuándo termina el amor? Cómo saber que no es un hecho que se sucede sin un fin, como algo inmortal que se forma para ser, para no ser, para ser, para no ser. 
En qué momento tendré la certeza de que te fuiste de aquí de verdad, de donde me dueles, de las canciones, de la piel. Cómo saber.
Cómo levantar la ciudad tras esta guerra y quitar la tristeza del rostro de la gente que parece siempre la misma, que nadie se asemeja a ti.  
Te busco con inercia de insecto, para no perder la costumbre, por los lugares que nos vieron en nuestra máxima gloria. A este lado yo, tan Eva, pequeña, confundida. Al otro lado tú, construyendo y derribando el muro una y otra vez con disciplina de centauro, armen filas, abran fuego, cuerpo a tierra. 

viernes, 12 de agosto de 2016

perseidas

El contraste negro de los árboles por la oscuridad sobre el cielo azul noche lleno de estrellas.
— ¿Estás desnuda?
— Sí.

martes, 2 de agosto de 2016

tú rimas conmigo

Hoy he descubierto que el amor puro no muere, sólo se transforma en algo superior. A veces en odio irracional, otras veces en más amor. Tu perfección quirúrgica de domingo por la mañana hace que me duela aún más haberte perdido hace ya algunos años y haber caído después en el más enorme desarraigo. Una suerte de tristeza, que es más bien dulce como un buen recuerdo, me hace saber que aquél no era el tiempo de nosotros pero que ahora todo el tiempo es nuestro. La onírica secuencia de tu piel mojada, de tu piel caliente, de tu piel en la mía, me hace dudar de todo a lo que recé cuando todavía creía que alguien me escuchaba. Y ahora rezo otra vez para que nunca te vayas, para que no vuelvas a irte.
No tengas miedo, es verdad que el amor duele cuando termina, pero mi amor sólo se transforma.

miércoles, 27 de julio de 2016

sé feliz

Sólo quedan 23 minutos antes de que suene el despertador.
No puedo aceptar que alguien como él tenga que llegar a casa cansado de trabajar, pasando inadvertido. Él, que dejó una marca de fuego en cada lugar que me tocó, que inundó de luz las lagunas de mi mente. 
Cada vez es más lejano y ajeno el mundo en el que vivíamos y la que fui yo antes de él. Acaso un vago recuerdo me persigue a veces, cuando es julio y veintiséis, y él tiene un año más y yo tres años menos. 
A veces, sólo a veces.
No quiero aceptar que lo mismo que nos unió nos haya separado tanto, un amor genuino y voraz, capaz de arrasar con todo lo casto de una cabeza cuerda. 

viernes, 22 de julio de 2016

ashes to ashes

En el fondo lo sabíamos, no iba a ser tan fácil como nos quisimos hacer creer. Te lo dije una vez, o tal vez sólo lo pensé y creí decirlo en alto, que a veces tanto amor asusta y hoy lo entiendo. Yo no tenía ningún miedo antes de ti porque no me importaba nada, nadie. Sólo estaba yo contra el mundo de funcionarios supersistema, pensando en pajaritos, en budismo y en Tailandia. Hoy tengo miedo de que te vayas. Pensaba que era inmune a esto porque un verano dejé hasta los huesos en un amor desheredado y una vez vaciada sólo la guerra me hacía llorar. Y todo lo demás me era indiferente. Haces tuyas mis palabras, tus gestos riman bajo mis manos y ahora yo qué hago, si el barco nunca desencalló de tu costa.

miércoles, 20 de julio de 2016

no hagas nada por volver


Si es verdad que funciona quemar una carta de despedida a alguien que ya se ha ido, el fuego puede empezar a arder. No olvidaré jamás el día que te dije que algunas cosas sí son para siempre, mi amor por ti se encuentra entre esas cosas. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos quisimos pero no ha conseguido que dejara de doler, no era el momento de separarnos. Nunca lo fue. "Eres lo peor", mis últimas palabras después de 210 poemas. Sólo era un corazón roto el que hablaba, sabes que no era eso lo que quería decir, ojalá puedas perdonarme. Yo he aprovechado para perdonar todo lo que me hizo daño. No te preocupes por mí, soy feliz ahora, estoy bien sin ti. Te lo prometo con el corazón. He podido cerrar el ciclo sin tu ayuda, porque no me quisiste acompañar. Nada podrá cambiar que deseo que seas feliz en cualquier parte, en cualquier momento. Hazme saber que te llegó este mensaje, porque no soporto haberme ido sin decirte lo que necesitaba que supieras: que algunas cosas sí son para siempre.

viernes, 15 de julio de 2016

estés donde estés, que si te falta el aliento yo te lo daré

Te extraño todo el tiempo hasta que me duele la piel. Tenías razón, sólo estuve años escondiéndome tras un amor imposible que era todo herida, tan profunda que ya no podía volver a doler. Te usé para no tener que sentir algo más intenso que aquel beso furtivo cuando era agosto en Bajamar y diciembre aquí dentro. Tuve que salir a la fuerza de mi lugar seguro cerca de tu abandono, me echaste a patadas a una realidad de la que siempre quise ser ajena y por un instante sentí que podía querer tanto a alguien que esa felicidad ancestral me raspó las rodillas. Me dio miedo. Me dio miedo volver a sentir algo entre las costillas y la razón porque te prometí un día, hace algunos años, que yo moriría contigo el día que te fueras, y te fuiste. 

lunes, 11 de julio de 2016

sólo era un corazón roto hablando

La mayoría de veces siento que hace ya tiempo que no estoy aquí
Febrero es apenas un recuerdo de días en los que pensaba que no había lugar más apropiado para ti que a mi lado.
Lloro por haberte perdido cada cierto tiempo, no puedo comprender que el que perdió fuiste tú. Me niego a creer que somos sólo lo que firmaste que seríamos hace ya demasiados años. Mucho menos, somos desconocidos. "Te quiero para siempre", dije un día, y jamás podré remediarlo. Aunque te odie, aunque me duelas, aunque te cambie. Te quiero. Para siempre. No sé aceptar que nuestros destinos no se unieron ni antes ni después, ni que tu amor desheredado cambió todo lo que fui y seré hasta mi último día. Tengo miedo. No he vuelto a sentir nada en el alma desde que fue 18 de agosto hace tres años. Estás tan lejos que nunca vas a volver y no te importa. Lloro por todo lo que no pasó. Si alguna vez sientes miedo, espero que te dé un poco de paz saber que eres inmortal para mí. Y te lo dije hace años pero me parece que fue ayer: si alguna vez estás solo, un "te quiero" mío se formula para ti en cualquier parte del mundo, en cualquier momento de tu vida. Porque no importa lo que este corazón despedazado pueda decirte, sólo es verdad que cada pedazo de él te quiere. Te quiere para siempre. Y sólo quiere que seas feliz allá donde estés, con quien sea que estés.

viernes, 1 de julio de 2016

no me lleves donde estés

No te he vuelto a escribir desde aquel día. Tu frialdad me hace temblar de miedo, tu amor impostado me cambió para siempre. He lamido mis heridas en otra ciudad y he conseguido sanarlas. Entendí que no fuiste tú el que me hizo más mujer, sino el que me hizo distante y vulnerable. Yo me hice a mí misma cuando tuve que construirme nueva desde los pies después de lo que devastaste. Después de que te llevaste todo de mí. 
Yo ya no soy la que fui para ti. Soy por mí. 
Te odio. Sólo puedo odiarte porque me despojaste de todo. Y en este sentimiento he sabido encontrar la paz. En entender que te has burlado de mi amor tan genuino y puro, en saber que me has mentido todos estos años, que me has arrastrado al infierno y que has disfrutado con mi dolor. Encontré la paz en este odio que me produce todo lo que viene de ti, que me has lastimado tanto. Que has querido lastimarme. 
¿Por qué me has hecho esto? 
Por qué me golpeaste así, por qué te llevaste todo, por qué no me dejaste marchar cuando estaba a tiempo. Por qué eres tan cruel. 
Cómo puede haberse convertido en esto tanto amor, tanta adoración. 
Siento pena por ti, por mí, por nosotros. Por lo que pudo ser y nunca ocurrirá, como te dije en febrero, cuando te pedí de rodillas que me permitieras partir sin retorno y contestaste que me querías para siempre. Me mentiste. Miles de veces, sin reparos, mentías. Jamás te importé. Creía conocerte pero no sé nada de ti y me asusta. 
Pero yo me bajo aquí. El que arriesga ama y a veces pierde. Yo te amé y te perdí y eso me condujo a mi destino. 

domingo, 19 de junio de 2016

cuando alguien se va

Te fuiste, adiós. Te dejé marchar, adiós. Un día me desperté y me dolías demasiado, y no pude con eso. No pude más con que las cosas sucedieran con lentitud de funeral en tu vida, mientras yo soy las ganas de irme y recorrer el mundo a pie. Eso me hace sentir la canción que habla un poco de nosotros. 
Me dejaste, adiós. La rima de tus rasgos no tiene sentido cuando tú no estás. Nada lo tiene. Te pedí de rodillas que me mintieras, acepté lo bueno de tu infierno y fui peregrina en él. Y del milagro de tu beso después de tanto imaginar. 
Me abandonaste, adiós, es mentira eso de que no es culpa de nadie. Es culpa tuya. Pero ahora... Adiós. Quién sabe si tú te acuerdes de un viejo mes de febrero. 

lunes, 13 de junio de 2016

jueves, 9 de junio de 2016

¿cómo se baja el telón en una historia que ni siquiera comenzó?

Ya no me acuerdo por qué te quiero tanto, ¿podrás perdonarme? Creo que es por la paz que me daba abrazarme a tu espalda después de mucho tiempo sin verte. Cerraba los ojos y respiraba tu perfume. Qué feliz fui en esos momentos, no existen palabras. 
Jamás hubiera pensado que el tiempo que nos separa podía ser infinito, pero lo es y ahora sólo tengo recuerdos vívidos cuando parpadeo muy rápido.
Qué año tan difícil para mí ese que creía tenerte y a ti no te importaba nada. Era tan pequeña para unos sentimientos tan grandes que todavía no puedo explicarlo, pero era todo para ti y te lo hubiera querido dar de rodillas. 
No era más que una niña cuando me di cuenta de que nunca volvería a sentir tu abrazo dulce y salvaje a la vez. Jamás podré comprenderlo, que todo lo que yo sé de amar lo aprendí cuando me dabas la mano, cuando me mirabas fijo como si no hubiera nada más. Y ahí me quedé, perpetua, inmortal. 
Tú y toda tu ternura son tan míos como mi risa o mis pies. Eres todo lo que yo quise y quiero, por encima de este mundo, de mí misma. Y algo siempre va a decirme dentro que lo intente otra vez más. Porque cuando ocurre es un milagro. Y sólo pasa una vez.

martes, 7 de junio de 2016

Y que iluminarás con tus alas de luz

Fuiste el lugar de remanso al que corrí cuando era una niña. El bálsamo para aquellas heridas inocentes que no dejaron marcas en mi piel. Años después, con otras vidas, fuiste mi pecado y mi redención. Recuerdo como si estuvieran pasando ahora todas las cosas que viví contigo, lo que pasamos juntos y también separados, ese tiempo infinito en el que me enamoré más de ti, más aún. Como si pudiera. Y pude.
Me compadezco del resto de la gente porque no te conocen como yo. Quisiera mostrarles a todos el ángel de salvación que gané con amor y perseverancia, y el amor genuino que se puede sentir por alguien si ese alguien eres tú.
Pero hay cuestiones que me invaden y que sólo puede respondérmelas tu piel, confío tan solo en ti.

jueves, 2 de junio de 2016

y no busco más sentido a mi dolor

Nuestros destinos se separan como el mar que un día dividió Moisés. Las aguas a veces vuelven a juntarse cuando pasa la tormenta y otras veces toman cauces paralelos. Jamás se vuelven a unir.
Esta noche sólo me reconforta saber que hice más de lo que podía por nosotros, por que saliera bien. Incluso con incertidumbre, te di todo lo que tuve en las manos, te lo entregué de rodillas en una bandeja de plata. Amé como si no me hubieras lastimado, sin miedo, sin dudas. Antes eras tú el único capaz de reconfortarme. Ahora ya no tengo nada. No me pesa haberte dejado todo lo que fue mío y salió de mi alma. Nada me pesa. Ando ligera como el primer pensamiento de una mente bien descansada. No me duele más que no hayas querido despedirte de mí, ni que no me hayas valorado. No a mi amor, no a mi entrega, sino a mí. A la persona que te quiso sin condiciones y por encima de lo humano y lo divino. La que antepuso tu bienestar al suyo. Yo no quería nada a cambio, te lo prometo, no buscaba ganar tu cariño mediante la pena. Sólo quería estar cerca de ti y nada más me importaba hasta que demostraste quererme lejos.
Ya no duele. Un día dejará de doler de verdad.

martes, 31 de mayo de 2016

te quiero pero es raro

Mirá, voy a decirte una cosa: no hay fuerza en el mundo capaz de romper el hilo rojo y el que nos une atravesó el océano. Se tensa, crece y nos separa, tira y nos vuelve a unir. Hoy, mañana o cuando pasen 20 años más. Nos vuelve a unir.
Yo lo intento. Te juro que intento perpetuar la distancia que nos divide en perfecta armonía. Pero cuando son las tres y diez en tu isla me ahoga la noche imposible sin vos.
Mirá, hay heridas que no dejan marca y otras que hacen agujeros de bala y las intentamos tapar con tiritas. Cada vez que me despido de ti para siempre siento que me disparan el alma. 
El hilo rojo no es infalible. Hace lo que puede y nosotros propiciamos o acabamos con el resto. Yo no sé qué pasa por tu cabeza. No sé si me odias, si me quieres, si estás enfadado o si me echas de menos. O si no sientes nada. 
Sólo sé de mí. Que soy incapaz de dejar de insistir en lo que hace daño. Que no quiero soltarte. Que escribo y me desangro, escribo y me duele y volvería mil veces de rodillas a entregarte el amor que siento por ti, ese que no quieres. Y volvería a pasar por todo lo que me ha traído a este momento, lo bueno y lo malo, los besos y las peleas, tu cariño y tu abandono. Volvería si al final del camino me estuvieras esperando con lo que tengas, con lo que te quede. 
Y no tengo razones para explicar esto.

viernes, 27 de mayo de 2016

eternos

El primer beso del año no es el último y está a 365 intentos de distancia del beso final. Empecé uno de mis años cerca de tu boca, aunque no lo recuerde, y lo terminé creyéndote cerca sin saber que tú ya navegabas otras aguas. Está claro que las cosas no son cómo empiezan sino cómo acaban. Y tú acabaste conmigo.
Hoy, lejos de aquellos años, soy capaz de vernos con ojos de pájaro que vuela alto. Yo intentando tocarte el alma. Tú huyendo de mí. Mil veces. Yo cegada, no queriendo ver la verdad... Que a veces no ocurre. Simplemente no ocurre. Que no es culpa de nadie que uno crea amar y el otro no consiga hacerlo nunca. Y que dentro de setenta años todo va a estar bien. Tal vez encuentre a alguien.
Tal vez sea como tú.

last kiss

Te observo en fotos como solía verte dormir
y te siento olvidarme como solía sentirte respirar.
Y sigo en contacto con nuestros viejos amigos
sólo para preguntarles cómo estás... 
espero que estés bien donde estés.
Y espero que el sol brille
y sea un día hermoso
y que algo te recuerde que desearías haberte quedado.
Puedes planear un cambio del tiempo o de ciudad
pero nunca hubiera planeado que cambiarías de opinión.
Así que voy a sentarme en el suelo
con tu ropa puesta.
Todo lo que sé es que no sé cómo ser algo que eches de menos.
Tu nombre va a ser para siempre el nombre en mis labios.

jueves, 26 de mayo de 2016

La vida no siguió

Echo de menos mi casa y mis calles, claro que sí. A mamá, a papá, a nuestra rutina inventada. Echo de menos muchas cosas, pero ya antes de eso echaba de menos a mi chico. Echo de menos el amor que sentía por ti, la tranquilidad que me daba saberte mío, la felicidad de que fueras un pedazo de mí y que fueras dueño del otro. Echo de menos tu adoración, tu preocupación por mí, por saber si comía, si descansaba, si me hacías feliz. Echo de menos tu valentía, tu lucha, tu revolución. Lo que éramos, lo que conseguí que llegáramos a ser después de años de enfrentamientos conmigo misma por ti para poder tenerte un día esperándome al final del pasillo. Para poder decir un día "aquí está, este es el amor que siento por ti" y dejarle la cobardía a los mortales. Pero te fuiste antes de tiempo, justo cuando tenías que quedarte, justo cuando íbamos a conseguirlo, a lograr derribar ese muro sin que cayera Berlín, cuando íbamos a cruzar esa frontera de palabras no dichas. Y hay que aprender a vivir con eso.

Creo en mí si te veo hoy

Como incrédula de todo, incluido el destino, me niego a imaginarme a mí sin haberte conocido porque en nosotros es en todo lo que creo. El hilo rojo, la coincidencia, la suerte o la desgracia, llamalo como quieras, nos ubicó pertinentes en el lugar y a la hora. Nos colocó para encontrarnos, siempre sabiendo que nunca íbamos a unirnos en mi mundo raro. Sin vos yo no sería esto que soy, no sé si es bueno o malo. No sé si sería algo de no haber sido por nosotros. Esto es horrible. Se derrumbó el muro de palabras no dichas. No hay nada que añadir.

miércoles, 25 de mayo de 2016

la otra cara

Me asusto cuando me doy cuenta de que las últimas veces que te dije "te quiero hasta el cielo..." en realidad sabías que ya te habías marchado, que ya estabas queriendo a alguien más, que tal vez nunca me quisiste tan alto. No sé cómo se vive un abandono del otro lado. Tal vez te di mucha pena. Pobre baby blue...

Confesionario

Del concepto y la práctica del amor  no tengo mucha idea. Yo sólo conozco lo que siento por ti y no lo nombro por miedo a suprimirlo. Después de algunos años, me inquieta ver cómo mi vida quedó detenida en aquel primer verano, en nuestro primer beso. En mi triunfo y al momento mi mayor fracaso. 
Yo tampoco sé qué decirte. No sé qué más puedo, si he agotado las palabras. Más allá del perdón, de la redención. Más allá de todo, estoy exhausta. Fui incapaz de tocarte el corazón y esa es mi deuda con la vida y contigo. No pude y ya no va a pasar. No sé explicar por qué. Sólo es eso. Mi amor incapacitado no pudo derribar tu muro. Quiero decir que en el concepto y la práctica del amor conmigo te quedaste en blanco. No es culpa de nadie. Pero tengo mucho sueño porque hace tres años que no duermo bien. Y tengo mucho miedo a este mundo sin ti. Tengo mucho miedo. 
Me retiro con lo poco que me queda. Y una casa llena de duchas para ti.

lunes, 23 de mayo de 2016

inmolarse

Todo lo que un día fue nuestro ahora es sólo mío. Hace diecisiete meses te fuiste para no volver jamás y me dejaste pagando todas nuestras deudas. En este tiempo casi eterno no hubo instante en que mi cuerpo te dejara de querer y pertenecer. Sin mi guía ando equivocada. Sin ti, que eras luz, estoy oscura. Asustada. 
Cargo sola el peso de dos almas desfiguradas, ya no puedo más, no quiero más. Yo quisiera hacerte entender que va a estar bien que ya no me quieras, pero en unos años va a estar mejor si te alejas. Porque soy incapaz. Volveré siempre a ti por amor (y porque así lo siento).
Mi amor, volveré por amor. A buscar tu amor. 
Te quiero para siempre.
No te olvides nunca.
Nos hacemos daño. Después de tanto tiempo aún desconozco lo que piensas. Qué estúpida me hace sentir que me duela el pecho como si me atravesaran mil cuchillos emponzoñados. Y sólo es tu ausencia. Estoy sola en esto. Nadie me habla de ti. 
Ellos no saben. Dicen que amar no es esto. Yo sólo quiero que estés bien. Cerca o lejos. 
Sólo quiero que deje de doler adentro.
Por qué no deja de doler.
Por qué no deja de doler.
Por qué te fuiste.
Por qué me dejaste sola cargando con esto. Lo digo en alto y no lo entiendo. Yo soy porque tú me tocaste el corazón con la punta de los dedos. 
Por qué te fuiste. 
Por qué no te pude tocar también el corazón.

sábado, 21 de mayo de 2016

Lo que no puedo ver

Hay un universo detrás de ti que desconozco. Me asusta tanto que me raspa las rodillas. Tus amigos me miran raro, como si fuera ajena. Como si fuera extraña. Ellos no saben, y en realidad no les importa, que yo creía conocer hasta la última esquina tuya. Tampoco saben de la simbiosis áulica de la que fuimos dueños. Hasta hoy, que me descubrí llorando en tu ciudad porque todo era mentira, aunque haya personas que me ven y te recuerdan. Porque nos relacionan directamente. Todo era mentira. Lo de saber más de ti que tú mismo, lo de la conexión astral paralela al resto, lo de nosotros, lo nuestro. Lo de ninguno. Tengo mucho miedo porque me siento desnuda, despojada. Llueve en tu ciudad y estás tan cerca que puedo sentir tu perfume de primero de enero. Llueve aquí dentro y hay tanta pobreza de esa que no se ve, que quiero perdonarte para volver a sentir algo más que esta soledad ancestral. Pero yo ya no te excuso más. "Yo ya no" tantas cosas.

viernes, 20 de mayo de 2016

Haría bien a la terapia alejarme un tiempo, unos 70 años.


Si todo fuera tan fácil como fue quererte, no habría más guerras, se acabaría el hambre en el mundo y toda la maldad que habita en él. Si todo fuera tan fácil como es para ti hacerme feliz, estaría otra vez en casa o no me habría tenido que marchar.
Si todo se resumiera a algo tan natural como que hubiéramos podido estar juntos, cuántas cosas en el mundo se podrían haber cambiado. Si de verdad me hubieras querido. Si tú y yo, simplemente tú y yo. Y el cielo cayendo a pedazos y los árboles ardiendo y la tierra quebrándose. Pero tú y yo. Y nada más. Porque yo no necesitaba nada más.
Parece que fue ayer cuando tenía diecisiete años y eran las cinco de la tarde y tal vez me querías. El tiempo ha pasado muy rápido y se ha ido contigo. Tú me despojaste de todo. Y ahora son las cinco de la mañana y tengo veinte años y no recuerdo qué es dormir sin soñarte. Yo quisiera hacerte volver. Yo quisiera que fueras capaz de ver  todo el amor que te ofrecía de rodillas. Y que entendieras que por H o por B todo había salido mal, pero que por ti y por mí, nunca es tarde para volverlo a intentar. O que me hicieras entender que tú eras H y eras B y las cosas no hubieran podido ser de otra manera. Porque el amor ocurre más rápido que un milagro. Y a nosotros nunca nos ocurrió.
Ya ni siquiera siento amor por ti, no eres más lo que yo quiero. Te limitas a existir muy lejos de mi corazón. Intento buscarle el sentido a la vida desde que te fuiste para siempre. Lo busco en la paz, en los animales, en los países exóticos, en los Estados de Bienestar escandinavos. No hay.

jueves, 19 de mayo de 2016

salvación

Todo lo que viene de ti me destruye y me repara. Te quiero eternamente, y es inútil pretender que un día esto llegará a un fin. Vivirá sin miedo a la muerte, porque es tan inducida que le da risa. Vivirá irremediablemente, aunque no tenga solución. Como algo que se forma para ser, para no ser. 
En ti comienzo y todo lo anterior parece haber sido un sueño. En ti amanezco y voy cayendo hasta tomar el color del sol iluminando Jaume I cuando son las 6.30 de la tarde en primavera. En ti renazco cuando te diriges a mí con ternura y me reclamas como tuya. Y en ti morí ese invierno que me abandonaste para no volver jamás.
Todo lo que viene de ti a veces es herida, a veces lágrima de fénix. 
Pero ahora todo es descampado y yo estoy en el medio. Y te siento tan lejos que ya no te veo hace más de mil días, lo único que quiero es tocarte los labios, recorrerte la cara como un ciego, enroscarme en tus piernas como una gata asustada. Es lo único que quiero. Saber si este desierto será eterno, si esta ausencia de paz va a llevarme con ella, pálida como el vacío, triste como la nada. 
A veces lloro cuando te veo feliz porque pareces haber salido de otro mundo en el que no sabes o ni siquiera te importa que alguien siempre está llorando cuando no estás, que alguien tiene frío desde que te fuiste, que alguien siempre está gritando desde que supo tu nombre.

miércoles, 18 de mayo de 2016

tiempo en el reloj de un centauro

Contigo todo es tiempo. El tiempo que te doy para que te decidas. El que perdí esperando una respuesta. El que te regalo de rodillas intentando que amanezca en tu palacio. Contigo todo es tiempo y tú eres dueño de él. Porque si te vas, no pasa. Y si estás, vuela. 
Nunca estás. No importa cuándo leas esto. No estarás. Hay más cosas antes que yo. Siempre. Hay problemas, hay tristeza, hay amigos, hay una novia a la que por supuesto tienes que querer más. O sólo querer. Ya sería más. Hay de todo menos tiempo. Y al final de tu habitación concurrida, hay una niña triste diciéndote que pase lo que pase, hoy y siempre serás eso que había oculto en ella y salió como una explosión de fuegos artificiales. Pero no hay luz que se libre de la extinción bajo el gobierno de la muerte, donde el dolor es algo tangible. Donde puedo tocar todo lo que me hiere, menos tus manos de centauro. 

lunes, 16 de mayo de 2016

ciclos

Otra vez me llevas al lugar del miedo, al lugar donde todo adquiere sentido de muerte, al lugar triste del que intenté salir. Otra vez me llevas. Me arrastras atrevido a tu palacio de invierno. No me quiero despedir de ti. Algo se me rompe dentro cada vez que pareces acercarte y vuelves a huir. Lo escucho caer y alguien llora en la habitación de al lado. Ya no me quedan platos para tirar. No tengo nada. 
El día que te fuiste para siempre llovía sin parar en la ciudad. En todas las ciudades. Llovía sin parar. Intenté darle sentido a nuestro juego quién sabe cuántas veces. 
Pero todo vuelve a ser río cuando lloro en esta cama que te contuvo, y el río vuelve a su cauce y yo vuelvo a estar sola. Ya no vale perdonarte. No crecerá la hierba. 
Todo se torna lúgubre cuando hablo de ti y de toda esta nieve que dejaste en mis zapatos la noche esa que golpeé tu puerta y no quisiste abrir. La noche esa que me dejaste morir. La noche esa que es todas las noches cuando no estás.

domingo, 1 de mayo de 2016

Parece mentira

Quisiera poder ponerle un nombre a lo que siento por ti y que hace poco comprendí que no es amor. Es una necesidad ancestral de nuestra especie denominar las cosas que desconocemos y lo es también el no nombrar las que tememos. Es por eso que estuve tanto tiempo sin hablarte, porque te desconozco y me asusta tanto que me raspa las rodillas. Te intento decir que no todo tiene que ser a sangre fría, mientras tú sólo correteas por la casa como un niño. Y yo te observo desde lejos cuestionándome en qué momento hemos perdido las ganas de contar en la pared mientras los otros se escondían. O al menos hemos perdido el valor para hacerlo. Recuerdo lo feliz que fui hasta los seis años. Recuerdo también no haber vuelto a serlo hasta un domingo de un mes par, muchos años después, frente a mi pelotón de fusilamiento compuesto sólo por ti. 
Soy capaz de avistar tu rostro al otro lado de una habitación concurrida, de sentir tu lengua abrirse paso hasta la mía, de notar tu mano fría posarse delicada en mi cintura. Soy capaz de verte el miedo y las mentiras y más aún, las verdades. Aunque nos hayamos perdido en el medio, nadie dice que no podamos volver a encontrarnos. 

Fuiste tú

Nos mentí a los dos cuando dije que te iba a esperar para siempre. Tu inestabilidad ya no me mueve un pelo, tu amor impostado es tan inducido que da risa. Nuestro cielo al fin se ha dividido, no mentí cuando dije que sólo ocurriría poniendo tierra por medio. Y cuánta tierra he tenido que echar. Ya nadie grita cuando no estás y en esta habitación no hay persona que te eche de menos. Nos encontramos en el medio, sí, pero no logramos alcanzarnos al final. Y todo porque tú un día decidiste largarte de mi lado. Todo porque tú... Un día tú.

sábado, 30 de abril de 2016

Habría sido un gran día

Tienes razón. Si lo hubiéramos intentado no habríamos durado más de un día. Pero cómo nos está matando no haber tenido ese día. O, al menos, cómo ha desgarrado mi vida el no haberlo intentado. Por ti. Por mí. Por miedo. Porque a veces tanto amor asusta y hoy lo entiendo. O sencillamente porque en ocasiones pasa que lo que creíamos que era perfecto en realidad no lo era tanto. Y que tú y yo estábamos ahí, sí, en el momento adecuado, sí. Pero cuántas personas más estaban al mismo tiempo a nuestro lado. Y en cambio yo quise que mi destino fuera por el camino del tuyo y ellos no se llevan bien. Y ya está. ¿Sabés? Ya fue suficiente. Por ahí otro día lo hablamos. 

hacia lo salvaje

Pausemos el pensar. Se terminó. Basta para mí. Basta para todos. Basta de fingir. Ahora estoy sola, realmente sola, porque la única persona que me quitaba el miedo a pensar se ha ido. Hace un rato que atravesó la calle que alguna vez nos unió en quirúrgica cercanía y que ahora nos separa. Hace un tiempo que está lejos de mi lado de la cama. Porque él no finge. Ya no le hace falta, si es que alguna vez tuvo que pretender ser para creer que era. Pero no fue nada. Estamos lejos de la realidad desde que inventamos a Dios, o peor, desde que inventamos las palabras. Y él, en cambio, cada vez más cerca. Cerca de él mismo, de lo salvaje. Y lejos de mí. Pero yo quiero volver a sentirme animal para poder guarecerme en su pecho, mi hombre centauro. Para poder buscar su olor en la oscuridad. Para poder... Volver a ser, a nacer, a recomenzar en lo puro, en el instinto. Y dejar de pensar. Porque ya fue suficiente. Porque basta para mí. Basta, para todos.

domingo, 24 de abril de 2016

No sé si a vos te pasa, pero las cosas de a poco y solas se van arreglando. No sé si te pasa, pero ojalá que sí. De a poco todo recomienza, lo que estaba a medias se decide por terminar; lo que un día llamé amor se define como "quizás". Y así vamos avanzando, paralelos, ajenos. Extraños. Como algo que se eleva para ser y para no ser, todo a un tiempo y nunca más. Ahí vos, sin duda lejos. Y aquí, nada. Una vez estuve, pero hoy no hay nada. Porque eso a lo que un día llamé amor, vino a visitarme para decir que estaba equivocada. Pensé en hablarte para que supieras que ya no hacía falta que volvieras, que estaba tan demás como ese día de diciembre que te fuiste para enseñarme a definir perder. Y sobrenada persistente la tristeza de esos meses en los que estuve sola, realmente sola. Realmente sola. Porque decidiste que había sido suficiente. Porque te fuiste para siempre, ¿todavía me entendés? Agarraste tus cosas y no me miraste a los ojos nunca más, ese día que me dejaste llorando en medio de la calle y no volviste más, vos sabías que algo se rompía eternamente y que nunca lo íbamos a poder arreglar. Y no te importó. Nuestro amor no te importó. Los años de lucha contra mí misma, contra mí por ti, el destrozo y la pobreza que dejaste acá adentro, nada te importó. En esta vida me despojaste. Porque elegiste dejarme sola corriendo por un túnel oscuro con un suelo repleto de colillas. Un túnel que no tenía final. Hasta que un día se acabó. 

domingo, 3 de abril de 2016

sigue

Otra vez amaneció mientras esperaba que ocurriera porque no puedo dormir de noche sin soñar con que te vas mil veces como te fuiste aquel día. El hilo rojo que iba desde La Laguna hasta Buenos Aires parece tentar a la suerte en su perpetuo vaivén, en su quirúrgico tira y afloja. Al norte tú, inquieto, solitario, dos años por delante. Al sur yo, ajena, adorada. Y en el medio, los dos, pertinentes, en el momento justo, en el lugar adecuado. 
Un nudo en la garganta me ahoga y me nubla la vista cada vez que pienso en ti, en tu afán de justicia, en tu pericia de prófugo, en el rastro que dejaron tus zapatos la última vez que te vi y era de noche. En todo ese dolor que ya no dejo entrar más de cinco minutos al día, mientras en la calle el sol sigue su rutina de aparecer como si no le importara que tú te hayas ido y los pajaritos cantan sin saberlo y alguien acaba de llegar a casa y alguien se está yendo y la vida no se detuvo ni un instante desde que tú te fuiste.  
A veces me obligo a creerte lo de que me querías, aunque antes de dormir cada mañana sepa que todo nuestro amor cansado fue de mentirita. 

jueves, 31 de marzo de 2016

Goodbye, my friend

Recuerdo para siempre la tarde de enero que me enamoré de ti. Estabas sentado al lado mío, como tantas veces habías hecho, intentábamos estudiar. Nos mirábamos, cómplices, a cada rato, queriendo huir de esa cárcel de apuntes para poder disfrutar. Y no sé por qué de repente me sonreíste. Duró menos que un milagro pero supe que estaba perdida. Que desde ese momento no tenía escapatoria y que debía seguir hacia delante teniéndote siempre a mi derecha, para poder ver esa sonrisa cuasi perfecta. Cuántas veces te había visto sonreír y en cambio nunca me había fijado; que iluminabas la biblioteca, la habitación a oscuras en la que te contuve meses después cuando me dijiste que nos habías soñado así, que acababas con la tristeza y con la soledad. Que me hacías libre cuando me observabas desnudarme de tu ropa desde la cama. 
Eso. Que me hacías libre. Libre de ser una niña, de preguntarte cuando ignoraba algo, de quitarme el sujetador al entrar a tu casa, de guarecerme en tu pecho como un cachorro mojado. Libre de pedirte un beso más "porque tal vez es el último" y de cantarte en la calle, no sé si has cambiado de opinión y no te vas... 

lunes, 28 de marzo de 2016

agosto

Escuché hace unos días en la radio que nuestras guerras negras habían llegado a su final, pero aquí, donde la muerte se hizo tangible, no puedo encontrar mi paz. Nuestra deuda no está pagada, cierro los ojos y ahí está, todo ese dolor otra vez. Si parpadeo muy rápido tenemos diecisiete de nuevo y somos tan ingenuos que creemos que este amor va a durar para siempre, mientras lo único que permanece es tu abandono cualquier día de noviembre que olvidaste mi cumpleaños. Si parpadeo muy rápido es domingo y agosto y me estás besando por primera vez en el lugar que nos vio en nuestra máxima gloria. 
Es siempre agosto. Está atrapado en el pantalón de flores naranja que no me he vuelto a poner, en cada persona que me besa y no eres tú. En tu levedad de burbuja, que me hace flotar cada vez que hablo de ti, de la ingenuidad de tu existencia, de la caja donde te descubrí ubicado pertinente en la mitad de mi camino veinte años después, como esperando que apareciera atrevida a salvarte de la lluvia. 
Mi amor desheredado aún sobrenada tus pupilas mudas que tantas veces se dilataron en la cama donde fui Eva y tú fuiste pecado. Sigue siendo agosto en un país distinto, sigue siendo agosto incluso en otros brazos. 

domingo, 20 de marzo de 2016

El día que te fuiste para siempre lloré una sola tarde frente al espejo de la habitación que construimos juntos. Tuve, en ese instante, la certidumbre de que no ibas a volver, y no lo hiciste. Prentendí convencerme a mí misma de que regresarías después de haber visto mucho dolor, olvidé que tú cerrabas los ojos ante los padecimientos ajenos.  Algunas veces te aparecías como un fantasma en la conciencia de su asesino y yo era feliz porque casi podía creer que eras de verdad. No podías volver, te habías alienado tan profundo que dejaste de existir. 
El día que te fuiste para siempre yo emprendí contigo ese viaje sin retorno. Tú te metiste a otros grandes amores no cobardes, yo a otras grandes ciudades donde nunca estuvimos juntos. Y fui incluso más allá. A la vida solitaria. A la consagración eterna de mi amor por ti, al todo por la nada. A poner fin a los principios, a causas por encima de lo humano y lo divino, al inútil intento de que las preocupaciones de otros hicieran que me olvidara de mí. Porque antes me olvido de mí misma que de ti.

jueves, 10 de marzo de 2016

Des d'aquest dia fins a la fi dels meus dies.

Usted, señor, ha iluminado con su tierna mirada estos ojos que no querían ver desde que decidí que el mundo no lo valía. Ha retrocedido tres años las agujas de mi reloj y le ha devuelto la fe a una incrédula de Dios, del amor y de la amistad.  Tiene usted el aura de un niño índigo, ha sabido entender lo que ocho cuadernos no pudieron explicar. Me ha cambiado la vida con sus andares pausados y sus flores marchitas, con sus besos templados bajo este frío que arrecia Barcelona cuando son las seis y media y cae el sol. Allá donde vaya lo voy a recordar, porque usted sabe que yo voy y vengo, que no pertenezco a ningún lugar, que a veces lloro en sus brazos porque quiero volver a mi casa y no sé dónde está. Y quiero llevármelo conmigo, pero se tiene que quedar, quiero que no se olvide de salvar el mundo ni un instante, prometió cambiar este desastre para que yo quisiera volver a mirar. Pero yo ya veo la tierra prometida cuando duermo al lado de sus ojos color tiempo, a veces como el césped, a veces como el mar. Usted me anima a seguir buscando ese lugar y confía en la paz y en la igualdad y en mis propios logros más de lo que yo jamás podré confiar. Me quiere libre, me quiere feliz, me quiere introspectiva. Usted no sabe juzgar. No sabe mentir. Y juntos vamos a ser emisarios de una paz de la que nos creíamos huérfanos, pero que ahí está, aunque no existe desde que el hombre se pensó un animal superior a los otros y vino con sus jaulas y sus armas de matar. Aunque a veces yo no esté cerca, aunque decida que mi casa está al otro lado del mar. Aunque usted esté enamorado y al mismo tiempo asustado de mi incapacidad de olvidar.
Des d'aquest dia fins a la fi dels meus dies.

lunes, 7 de marzo de 2016

A dónde me puedo mudar?

No querer estar con uno mismo va sobre no querer estar en ningún lado. Sobre querer abandonar tu cabeza en el Polo Norte y mudarte al Polo Sur. No quiero estar conmigo sin ti, es como bailar sin música. Como volver a primaria a intentar entender el mínimo común múltiplo. Es como si Miguel Ángel no pintara. No soy feliz cuando no estás. Y hace años que te fuiste. Lo fácil sería culparte de todos mis fracasos, de todo lo que me ha salido mal porque sin ti no hay motivos para luchar. Lo difícil es explicarle a mi madre por qué dejo las cosas a medias, por qué ya no quiero ni empezar. Porque me ha dejado sola, mamá, porque se llevó con él todo lo que alguna vez creí mío. Uno que tarda en olvidar, otra que no logra hacerlo nunca. Me fui de casa huyendo de ti y de mí y no ha servido de nada porque vives dentro, porque me consumes. Vuelve, por favor, volvamos a intentarlo. Aunque ya no seas lo que quiero, aunque esto sea más breve que un milagro, por favor, volvamos a intentarlo. Que aún podemos construir un hogar sin patria, estamos a tiempo de cambiar el mundo, de salvar mi pelo largo del desastre donde terminan todos mis intentos de saber quién soy yo sin ti; porque no soy nada.

domingo, 6 de marzo de 2016

Ojalá, por lo menos, que me lleve la muerte; para no verte tanto, para no verte siempre.

Después del efecto narcotizante de tu amor, puedo decir que no te creo. Ya no te creo. Tuvimos cuatrocientas oportunidades de ser, antes de que emprendieras ese viaje sin retorno. Y no fuimos. Pudimos besarnos mil doscientas veces, pero sólo fueron cinco. Íbamos a construir un hogar sin patria. Ibas a observarme desde la cama bailar en tu camiseta de fútbol. Íbamos a vivir en un lugar donde lo mundano siguiera sucediendo sin intervenirnos. Pero te largaste de aquí. Y yo me fui aún más lejos para no tener que verte ni por desgracia. Y ahora volvés diciendo que todo lo que pudo ser y no fue, hubiera llegado a ser muy bonito. Qué me vas a contar a mí, que vi tu cara en cada ruego, que construí tu sonrisa quién sabe cuántas veces, que te escuché nombrarme en cualquier parte y no estabas. Que cambiaba todo esto por un segundo con vos. 
Nunca voy a entender por qué te fuiste pero, a pesar de tener pesadillas con eso cada noche, ya no lo quiero entender. Ya no quiero nada. Desde ese día estoy despojada de lo humano y lo divino y ya no siento amor porque sé que no existe, porque si eso no era amor no hay nada que pueda serlo, y ya no importa realmente; café o té, derecha o izquierda. Cuando digo que ya no eres lo que quiero, me hablo a mí misma. Porque así, tal vez, si un día me reclamas como tuya no abandono todos mis sueños por lo único que alguna vez me ha importado; tú. Tú con ese caminar pausado, con ese nefasto dominio de lo que causa tu sonrisa. Cuando digo que tú eres más fuerte que toda esta mierda, que eres capaz de todo, te hablo a ti para que sonrías; porque he tenido esa mirada muy cerca y esa risa pegada a la mía y te prometo que puede cambiar el mundo de una manera mas definitiva que pasar la vida juntos.

miércoles, 2 de marzo de 2016

pesadillas

Casi todos los días desde hace un año sueño con tu desaparición, con tu muerte súbita, con tu abandono. No era tu obligación quedarte. Cuando te digo que no es sano sentir esto, me hablo a mí misma.
Me dijeron en terapia que dejara de escuchar esa canción que habla un poco de nosotros y que no volviera más al lugar que nos vio en nuestra máxima gloria. Que lo que no se dio, no se va a dar nunca más. Y que no estaba bien huir de los problemas, pero que saliera corriendo cuando te intentaras acercar, porque a mí el cuerpo no me responde cuando te tengo cerca. Y la cabeza mucho menos. Y tiemblo. Porque cada vez que volvés también regresa el miedo a que te vuelvas a ir. Y siempre te vas. Ese es el choque emocional que me produce un daño duradero y no me deja dormir.
El supuesto amor te cambió tan profundo que ya no te encuentro y ahora no te importa pasar por mi alrededor dando empujones como en un metro lleno, no te preocupa que después me tenga que volver a construir. Porque acá, donde sólo tú y yo sabemos lo que hemos vivido, se inventa nuestro propio código, mientras el mundo sigue girando ajeno a que volvimos a encontrarnos en una dimensión paralela. Porque no SABEMOS vivir uno sin el otro, olvidamos cómo se hacía.
Cierro los ojos y ahí está. Todo ese dolor otra vez. Tú corriendo detrás de alguien a quien no consigo ver bien, yo partiéndome en mil. Y mis mil pedazos se abalanzan sobre cualquiera que me deje seguir garabateando nuestros nombres en los márgenes. En mis sueños siempre te vas. Y me despierto llorando porque es verdad que te habías ido, y alguien gritaba en otra habitación, y alguien gritaba en la calle y alguien siempre está gritando cuando no estás.

El metro

Nadie parece ser feliz en el metro. La gente mira al suelo. En el metro todos están cansados. Todos tienen preocupaciones y responsabilidades muy pesadas para ir cargando por esos pasadizos infinitos. La gente tiene miedo en el metro. El miedo que produce la incertidumbre. A veces, alguien sube a pedir dinero y todos fingen no escuchar. Otras veces, entran abuelos a tocar el acordeón, con sonrisas impostadas a pesar de la pobreza, porque saben que todos están tristes en el metro y los intentan alegrar. Pero todos agachan la mirada. Suben el volumen de su propia música. En el metro están todos muy cansados, sí, pero ninguno tiene sueños. O no los pudieron cumplir.
En el metro, las señoras no se sientan al lado de los negros, miran a otro lado cuando estos les ceden el asiento. Los sudamericanos tampoco se sientan y su cara parece decir que no les corresponde ese lugar.
Y nadie dice nada. Todos se sumen en un silencio cómplice, en un libro que sacan del bolso, en una conversación con alguien que está muy lejos. Nadie grita, nadie llora, nadie hace nada para poner fin a tanta desigualdad, a todas esas injusticias, a toda la infelicidad del pueblo que tomó el desayuno con la noticia de cientos de niños, hombres y mujeres muertos en el mar, con la noticia de un bombardeo (otro más) y a nadie parece importarle porque "¿qué podemos hacer nosotros?" Porque todos tienen sus propios problemas en el metro. Porque ser feliz no está en venta. Ya no queda. Ya no hay más.

domingo, 21 de febrero de 2016

dónde me escondo de ti

Hace un año que te fuiste pero mi amor sigue igual. Hace un año que te fuiste pero ahora pude saber uno de esos secretos tuyos que tanto me inquietaba. En qué otros grandes amores estás metido ahora, todo eso que yo no te supe dar. O vos no supiste entender. A qué grandes ciudades he tenido que huir para no volverte a encontrar al final de una habitación concurrida regalando a otros esa sonrisa que antes fue mía. Sólo mía. No ha llovido tanto desde que hace un año te fuiste de aquí sin cerrar la puerta. El tiempo no ha podido arrastrar con él tanto amor, tanta poesía. Tanto de todo ese veneno que me regalaste con tus besos a medias. Te quiero para siempre, pero es inútil intentar convencerme de que ya no existe el chico que se dio a conocer veinte años después un mes de febrero al que me enganché tres años como si fuera cocaína. Porque es verdad, hace un año que te fuiste y ya no sos el mismo. Y yo dejé de ser yo el día ese que te descubrí mirándome fijamente como si no hubiera nada más. Y será domingo de un mes par de un año no bisiesto. 

domingo, 31 de enero de 2016

y ahora

No creo en el fin de la lluvia, siempre en alguna parte del mundo está empezando a llover. No puedo creer que nada termine realmente, ni siquiera la vida. Mucho menos nosotros. Aún hoy me pregunto qué fue lo que falló. Tal vez caminamos separados alrededor de una farola y eso hizo que tuviéramos que despedirnos para siempre. Tal vez, como dijiste un día, nosotros nunca podamos despedirnos para siempre. Hoy sólo sé que las cicatrices de tu amor coartado me están desfigurando el rostro. Que la marca de tu beso fugaz como un milagro está quemando. Y me duele. Y me caigo. Y no estás, ya no estás y cuando vuelves te grito que dónde has estado, que por qué me dejaste sola, que por qué dejaste abierto y me apagaste la luz. Si sabías que yo tenía miedo a la oscuridad, por qué apagaste la luz. Si sabías que hacía tanto frío que nos cortaba los labios, por qué no cerraste la puerta con candados. Te fuiste como se van las cosas que no pesan. Rápido, de puntillas. Y todo está igual desde ese día. Y tú, en cambio, tú quién eres. Tú no eres el que yo quiero tanto. Ojalá pudiera traerte de nuevo y quitarte todo lo que te entregué de rodillas, todas las veces que te toqué las manos, los nosécuantos "te quiero" que te puse en los labios como un punto y sigamos, que podemos, que peleamos, que vale la pena intentarlo porque yo sin ti me muero y tú sin mí...

miércoles, 23 de diciembre de 2015

No fue culpa de nadie

He aquí el fin de nuestra edad dorada, de nuestra cumbre por la paz. Ahora tu vida va sobre otras cosas que yo no puedo explicar, y si me querés o no es algo que sólo vos sabés con certeza, pero al final del día has elegido estar con ella y has acabado con esto a lo que yo llamaba amar. Yo ya no me banco tormentas ajenas, si desde que te fuiste en este cielo hay tanta paz de esa que muere matando por que vuelva tu guerrilla. Si desde que te fuiste intento rescatar el poco perfume de primero de enero que dejaste en mi vestido durante tres noches muy viejas, muy fugaces.
Y te volvés a cruzar como flecha de ponzoña desde el comienzo hasta el final de mi pecho, ahora yo qué hago, si entre tus brazos siento que ando ligera como un primer pensamiento, si dibujo tu cara en todos mis ruegos. Me dejabas buscarte la boca como un enfermo al remedio, yo te dejaba guarecerte en mis piernas como un cachorro mojado.
Otra vez te vas, de nuevo me dejas y mi instinto de supervivencia me dice que tengo que esperar que vuelvas, no hacía falta que te fueras para que pudiera definir perder. Así que otra vez caerse y levantarse, otra vez la felicidad de un niño cuando sale de la escuela. De nuevo despedirme de ti para siempre en un aeropuerto cerrado. Y hay que vivir igual, incluso si esta tristeza nos raspa las rodillas, incluso si aquí dentro hay tanta pobreza de esa que no se ve, y es la peor.

lunes, 16 de noviembre de 2015

Cuando estás meses guardando algo y lo eliminas por error e intentas arreglarlo

Las primeras impresiones son que no puedo escribir lejos de casa. Y que qué es casa. Tal vez donde esté mamá. Tal vez donde más nos hayan querido. Donde hayamos sido felices juntos. Otra vez no pertenezco, pero ahora, al menos, soy. Y soy todo lo que quise, y estoy justo donde quiero. Hasta que me di cuenta que todo lo que quería ser era contigo, y todo lo cerca que quería estar era a tu lado.

Pecaminoso reflejo

Este es el amor que siento por ti. 
Aquí está, ante tus ojos. Y sigue siendo uno, sigue siendo el mismo. Aún hoy, tan lejos de aquellos años, sigue abriéndome el pecho de lado a lado. Lejos de todas las maneras posibles y de mil más. De cuando fuimos, no sé si libres, no sé si felices, pero juntos. Otra vez te vas, de nuevo me dejas.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Mi espalda contra tu pecho

- He soñado con esto tantas veces, con este momento, con tenerte así.
Te recuestas a mi lado y ahora yo me subo a tu cuerpo y sonrío cerca de tu boca. Te ríes. Intentas limpiarme la cara.
- Tienes todo manchado de pinta labios, parece que te hubiera pegado.
- Límpiame. - Te digo, y te beso. 
Y nos reímos. 
Mañana será otro día, ¿qué más nos da? Total, las cosas siempre mejoran justo antes de terminar. Total, yo te quiero. Total, total, total...
Mi espalda contra tu pecho, tus ojos entrecerrados, me atropello con tus labios. Y ahora dices algo sobre que tienes que protegerme y que me cuidas más que nadie y tu voz se va apagando en mi cabeza.

lunes, 7 de septiembre de 2015

Cuerpo a tierra

Ahora estoy sola, de verdad estoy sola y es lo único cierto.
Quiero lastimarte por la forma en que me haces sentir, pero mis manos sólo pueden trazar las líneas de tu boca. 
Henos aquí, cuerpo a tierra, frente a frente.
Aquí yo, tan hilvanada a este mundo como si estuviera por soltarme, contando los días que faltan para dejar de verlo.
Allá tú, tan hipotético como si te estuviera imaginando. No termino de entenderte una vez más, pero pareces decir que llegué con olor a otro lugar, a otro mar que no es el nuestro y yo te digo que la vida no se detuvo ni un momento, que lo de volver el tiempo atrás no ocurrió ninguna de las veces que lo deseé con todas mis fuerzas, que he conocido a un chico y a veces no te busco en él.
Te miro como si no me quedara nada de ti por deducir, pero sólo es mi inútil intento de convencerme de que aún no me conoces hasta las mentiras, mientras yo sólo querría haber sabido que ya habíamos jugado todas nuestras cartas y bebido todo el whisky. 
Me invitas otra vez a tu palacio, y yo acepto atrevida, tan Eva, tan musa, dirigiéndome hacia el dolor, inevitablemente. Pero yo quiero ir. Quiero que me duela.
La puta madre, está todo mal otra vez. Intento pensar que hay algo más que mi lobo disfrazado de cordero o mi hombre disfrazado de centauro, allí donde la muerte se hizo tan tangible el día que te fuiste para no volver jamás y me dejaste con el desastre y la desesperación de esta ciudad sin ti y yo quería gritarte "vuelve, que no soy tan fuerte: te echo de menos", pero a mí sólo me preocupa no decepcionarte.

martes, 1 de septiembre de 2015

Para recordar

Vuelvo a entrelazar mi mano a la tuya. Te quiero recordar todo, para que nunca lo olvides. Quisiera saber si es tan nítido en tu mente como en la mía, porque a veces yo cierro los ojos y vuelvo a estar ahí. Tu espalda está hirviendo otra vez, aquí dentro hace tanto calor que ojalá alguien abra la ventana. Y que entre luz. Así tus brazos se hacen más reales. Y ahora escribo palabras en tu pecho, mientras me sostienes con fuerza para que no me aleje, mientras me acercas más a ti, a tu corazón desnudo. Y dices que sientes que tienes que protegerme. Pero yo quiero que me hagas daño, porque si me haces bien me colonizas entera, pero si me dueles también lo haces en todo mi cuerpo. Así que no me importa el dolor, sólo quiero sentirte así de cerca para siempre. Tus piernas se envuelven en las mías, tus manos se hacen dueñas de mí, de lo que quieran. Pero tus besos no saben como yo pensaba y eso me asusta tanto que no puedo respirar. Saben mejor. Saben distinto. Pero no sabe igual y eso significa que mañana voy a olvidarme de todo. Así que voy a escribirlo, para recordar.

Historia de nosotros

Tú eres La Laguna.
Eres ese banco, ese bar, esa parada.
Eres ese árbol que guarda gotas de lluvia. 
Y también eres la lluvia, el frío y el sol. 
Y una cerveza después de clase. 
Y distintas clases de amor después de muchas cervezas.

jueves, 20 de agosto de 2015

Para recordarte.

Ya no me voy a la cama sin aprender algo nuevo cada día, y si me voy contigo, y si lo aprendo de ti, mucho mejor. Es verdad todo eso que ya me dejó sin palabras para poder explicar que sólo quiero estar contigo. No me interesan las demás personas, pueden irse cuando quieran, yo ya no tengo frío. Que me haces bien, que sólo tú me das la paz y la calma que mi mente en guerra necesita, que sólo sé reír si es de la mano de tu risa, que en tus brazos encuentro mi casa, que caminar a tu lado es lo que me hace creer que puedo arreglar el mundo de una manera mas definitiva que pasar la vida juntos, que sólo puedo ser feliz si voy por el lado izquierdo de tu cornisa. 

Me enseñaste que es verdad que el tiempo puede pararse, el mundo puede dejar de girar cuando me besas y construyo tu cara y me raspa tu barba de hombre; y que contigo la vida parece ocurrir con una fluidez de siameses que seré incapaz de repetir. Invéntame más palabras para poder seguir dibujando esta postal. Para hablar de cómo se ve el cielo cuando pasas por delante, para contar del perfume de tu ropa cuando descanso en tu barriga. Enséñame un nuevo idioma que contenga todo lo que quiero mostrarle al mundo de ti, de la suerte de tenerte, de saberte mi amigo, mi guía, mi espejo. De saber que a veces tu cuerpo es todo mío, y que siempre, siempre, siempre: mi vida, mi lucha y mi corazón son tuyos.

martes, 18 de agosto de 2015

Afuera de sus brazos el mundo es un lugar lleno de arañas y coches mal aparcados.

Contigo aprendí a no ducharme de noche. 
Aprendí quiénes son los malos y quiénes los buenos. 
Aprendí que es posible hacer que agosto dure todo un año, 
hasta que llega de nuevo 
y entonces se acabó. 
Tú me enseñaste que el equilibrio puede ser amor, 
y afuera de tus brazos 
el mundo es un lugar lleno de arañas 
y coches mal aparcados. 
Que, cuando estás lejos, 
mi cuerpo es una estación de trenes vacía. 

A dos centímetros de tu cara pienso que La Laguna me recuerda tanto a ti que me duele, 
que cada esquina es nuestra,
que cada calle me lleva a tu casa,
pero tú hiciste que volviera a escribir, 
me guiaste con tus manos de hombre 
hacia el lugar donde no existe el miedo. 
Supiste entender mi espíritu que nadie pudo doblegar, 
no intentaste hacerlo, 
le prestaste la calma. 
Hace mucho, muchísimo, que ellos no entienden, 
y en realidad no les importa, 
que esto de tenerte conmigo sería malo para los dos. 
No es culpa de nadie 
que yo sólo hubiera querido que nosotros hiciéramos; 
que hiciéramos las paces,
que hiciéramos las guerras. 
Pero que hiciéramos.

miércoles, 29 de julio de 2015

Centauro

Ahora sólo puedo pensar en Madrid. 
Sigo teniendo ese sentimiento cada vez que lo recuerdo. Hay un poco de esperanza en esa ciudad sin más verde que el de los semáforos. Hay algo que la dibuja menos enorme y solitaria. 
Para escribirte como quiero tengo que recuperar en mi cabeza el perfume de tu cuello, el sabor de tu lengua. Construyo un hogar sin patria en el calor de tu espalda. Tus brazos infinitos son mi refugio y mi guardia.
Hago un mapa de tu cara con la yema de mis dedos, navego por tus mares, anclo mi sonrisa en la costa de tus labios, escalo tus pómulos enmarcados, camino por tu frente, desciendo hasta tus manos. Y las hago mías en mi pecho, mi hombre centauro.
Te quiero, pero es inútil pretender que existe algo más que mi lobo disfrazado de cordero. Henos aquí, con tu boca de juguete prestándose a mi voluntad, pudiendo escapar cien veces de lo que ha abandonado pero no pudiendo huir de lo que ha perdido.
Cada reina en su trono, y mi centauro conmigo.
Y qué pena que nada sea para siempre, amor.
Lo estoy llevando lo mejor que puedo. Lo estoy haciendo como me enseñaste. Y no sirve de nada.

jueves, 23 de julio de 2015

Sin cigarrillos ni guerras mundiales.

Quién besa a quién, es algo de lo que siempre me olvido.
La próxima vez prometo estar más atenta.
Como cuando saboreé tu lengua un minuto más, 
sólo por si era el último.
Ahora las alemanas están en Alemania,
y yo en tu cama 
y tú en mi cuerpo.

Te perdí como a un río o a un continente,
como a esas cosas que siempre podrás volver a tocar sabiendo que han cambiado, 
que ahora son diferentes.
Es estéril pretender que sólo querías que hiciéramos el amor como franceses
o que hay algo más que el sol inexistente que en su puesta nos iluminó la noche
y en su salida trazó una ruta de adiós
entre tus ojos y mis ojos.
Como si no hubiera un fin, 
sólo una continuación, 
que se extiende hasta formar algo perfecto, 
un juego hostil en el que pierde quien se traga las cosas.

miércoles, 15 de julio de 2015

Hasta que el sol aparezca me voy perdiendo en tu aroma.

El aire desprende calor y vino. 
Separados por unas ínfimas capas de tela y piel, no estamos solos, pero tampoco quiero. Porque hoy te odié más que nunca, y ahora quiero dibujarte entero con la yema de mis dedos. 
Hoy desprendo verdad por cada punto de mi cuerpo y no me quedo con las ganas de pedirte que me beses un poco más, sabiendo que voy a perder siendo la que menos armas tiene. 
Sé que no te voy a volver a ver así, rendido a este milagro que hacemos que exista, pero vamos a seguir cerca sin importar la distancia. Así que te lo digo, ya no tengo miedo. Bésame de nuevo, bésame más despacio, bésame de mentira porque esta noche quiero creerte. 
Que después vendrán los días de dormir sin descansar, pero eso será mañana. Y mañana es otro día que no me va a importar. 
Porque ahora estamos aquí, tú por debajo, yo por encima, como una sutil burla del destino que nos intenta decir... ¿Qué nos intenta decir?
Que ya no hay tiempo para pisar el freno, que estamos vivos. 
Que este es el aquí y el ahora del que tanto hemos hablado y no podemos escapar. Estamos atados. Yo a tu cuerpo que me aprieta con fuerza para que no me aleje. Tú a mi mente que te nombra y te suprime. 
Hasta que el sol aparezca. 

martes, 30 de junio de 2015

Ya no pienso demasiado en que te fuiste.

Por fin, veinte años después, te diste a conocer un mes de febrero. Fuiste un poco de todo eso que no debe tomarse en cantidades elevadas. Me enseñaste algunas de las cosas que no se tendrían que aprender a edades tan tempranas, las mentiras piadosas y la piedad inventada. Ya no pienso demasiado en que te fuiste. Ya no pienso demasiado en tus ojos clavados en mi espalda, en tu sonrisa indulgente cuando me hacía mayor ante ti tomando una cerveza más, "y a la siguiente invito yo que ya te he hecho mucho daño, y qué guapa estás cuando no tienes miedo". He dejado de pensar. Y de buscarte. En otras personas, en otras palabras, en frases que imaginaba tuyas.
Me resisto a creer que solo tú entiendes lo que escondo cuando callo, que nadie más conoce de tu forma los giros de mi voz y cómo titubeo cuando te engaño. Que nadie más podrá resolver todos los enigmas del planeta como cuando tú me quitabas la única duda que importaba y se cerraban todas las ecuaciones, y a la mierda con la autodestrucción, "que sí, que claro que te quiero, mucho más que esta mañana" 

lunes, 11 de mayo de 2015

un día dura tres otoños

Te extraño tanto que cuando veo nuestras fotos juntos me parece increíble que alguna vez haya ocurrido. Es que te echo de menos de una forma a la que creo que nunca me voy a poder acostumbrar, que va a ser un dolor con el que tendré que cargar toda la vida, ya casi ignorándolo pero que jamás remitirá. 
Todos los días, en algún momento viene algo que me lleva a ti, ahora tan ajeno, alguna vez tan mío. Y no cesa. No se quiere ir. Quiere rasgarme desde dentro hacia fuera, quemarme con besos de cianuro, maldecir mi destino. Quiere recordarme que nosotros siempre vamos a estar mucho más arriba que el cielo, que el sol y que la luna, y que  hasta ahí y mucho más yo te voy a seguir queriendo. Ahí donde me quede sin oxígeno, donde no pueda salir sin casco, donde no haya gravedad y cada día dure tres otoños. Ahí de donde nunca debieron habernos bajado. Y más aún. Te quiero por encima de aquello que no podemos ver y que desconocemos. 
Y claro que soy capaz de vivir sin ti y no escucharme cuando pienso en hablarte, pero quisiera no poder, y morirme cuando me faltes.



jueves, 7 de mayo de 2015

Y un día se transformará, veloz, en un año, y te olvidarás de mí.

Cuestionaste por mi fobia a ser dejada pero tú nunca llegarías a entender que así dolería menos cuando tuvieras que irte. Ojalá alguien pudiera despertarme cuando terminara septiembre, alguien que pudiera explicarme por qué me vas a devolver a las guerras negras después de haberme regalado tanta paz, ahora huérfanos de ella, despojados, vulnerables.
Pero vos no entendés. Todavía no ves que tus zapatos italianos dibujaron una ruta de adiós y yo la seguí, siempre corriendo detrás de ese miedo tuyo a que todo pudiera salir mal y romperse, queriendo controlar el ruido que hiciera mi cuerpo cuando pasara. Pero nunca quisiste darte cuenta de que ya se había terminado, y sí, mal. Porque hacía mucho que habíamos dejado de hablar de lo mismo y yo quería creer que aún podíamos pensarlo, hasta que una noche me di cuenta de que el tiempo se me hacía trizas entre las manos, que el verano siempre se acaba, que el invierno se acerca, que a mí me desquiciaba no comprender cómo podías empezar a vivir una vida sin riesgos así, apaciblemente. Y que algo de mí se fue contigo cuando me incautaste esa tristeza dulce tras la que me había escondido, mirándome con tus ojos llenos de sal.
Si yo sólo hubiera sabido que ya habíamos jugado todas nuestras cartas y bebido todo el whisky y que íbamos por la parte de desgarrarnos con los dientes, tal vez hubiera podido invitarte al remanso del que no eras faculto. Y basta, che. Basta, por favor.

miércoles, 15 de abril de 2015

¿Qué nos hemos hecho?

Yo a los dieciséis no quiero recordarme, pero a veces regreso a todas las cosas que hice mal por despecho, en los días que creía que amar significaba llevar un anillo con unas iniciales. Justo después llegaste tú, con un poco de nieve en los zapatos y vinagre para las heridas. 

Ojalá alguien me hubiera advertido que venías para acabar con todo, a poner un punto final sobre aquello con lo que alguna vez hubiera soñado. Ojalá me hubieras dicho que yo jamás volvería a ser la niña estival que construía un mundo a través de tus besos. Y ahora te veo sonreír al final de una habitación concurrida y siento miedo por mí, porque no existirá otra sensación siquiera similar a la de tu lengua sobre la mía. Y aún tengo tantas preguntas para hacerte... Que cómo se llega a tu casa, por qué perdiste ese año de colegio, por qué te rehusabas a quererme, qué hice mal. 

Qué nos hemos hecho. Cómo es posible que alguna vez haya podido quererte tanto. Yo hubiera querido explicarte tantas cosas, hubiera querido hablarte de cosas inmortales, besarte un rato más, aferrarme a tu espalda como si fueras a morirte el segundo después. Hubiera querido mostrarte mi amor. Ese amor sin excusas, sin temores, sin límites en el tiempo. Ese amor que era quien quería ser, que no pensaba que algo podía ser ilícito o imposible, ese que me hizo llorar hasta que me dolió la cabeza, que me hizo gritar hasta dejarme sin voz y me hizo escribir como si fuera un poeta. Un amor que fue todo lo que pudo llegar a ser, que cuando se marchó me dejó sin nada y ahora sólo quedo yo intento entender qué me he hecho, pero no quiero pensar más, si hace tanto frío que nos raspa las rodillas.

martes, 7 de abril de 2015

Cómo ha seguido tu vida después de mi amor.

"Nadie me habla de ti, sin embargo te extraño. No me resigno a olvidarte, aunque pasen los años. 
¿Que será de ti, por dónde andarás, a qué distancia te encuentras de mi soledad? 
Cómo quisiera saber si es que aún me recuerdas, si has preguntado por mí, si te duele mi ausencia. 
¿Qué ha cambiado en ti y en tu corazón?, ¿cómo ha seguido tu vida después de mi amor? 
Desde que no estás aquí ya no puedo encontrar de nuevo el sentido de la libertad. 
Sin ti no imagino volver a empezar, quiero saber qué fue de ti, desde que no estás aquí sólo me habita el dolor, 
se me va la vida sin saber de ti, amor."

domingo, 5 de abril de 2015

Pero te digo adiós para toda la vida, aunque toda la vida siga pensando en ti.

Nos merecíamos un final mejor. Merecíamos encontrarnos aquel lunes para dibujarnos un punto con un beso de amor, para poder decirnos adiós con un abrazo digno de todo lo que vivimos juntos. Algo a la altura, como una despedida para saber que nos íbamos estando en paz. No pudo ser. 
La próxima vez que te vea no seremos los mismos. La próxima vez que te hable será 26 de julio y por fin, tal vez, invierno. Y podré decirte lo que nunca te dije, que te quiero para siempre, que no va a existir el día que no me acuerde de ti con todo el cariño de este mundo, que mis te quiero se formularán cuando nadie te los diga. Que no importa cuánto amor crean que pueden llegar a sentir por ti, nadie va a saber lo que significa quererte. Se necesita algo más, tener esencia, saber mirar más allá de tus ojos, entenderte. 
Por mucho tiempo sentí miedo de perderte, pensaba que mi vida iba a estar vacía si no podía colgarme de tu espalda y besarte hasta morir. Temía que llegara todo eso por lo que ahora estamos pasando, ser tan consciente de que nunca volvería a ver tu sonrisa libre como lo fuimos ese verano. 
No quiero, por nada del mundo, que esto parezca algo formal. Quiero que entiendas que necesitaba decirte adiós para cerrar este ciclo, sé que al final siempre terminas leyendo lo que escribo, y yo siempre fui mejor escribiendo que mirándote a los ojos. No hace falta que te diga que nunca voy a volver a querer de esa manera tan descomunal con la que te quise, tal vez porque he crecido, porque la niña pueril a la que besaste un día ya no existe y seguramente murió ahí mismo, con tu beso de dementor (no te lo tomes mal, sólo te llevaste mi alma). No llegamos a robarnos cosas que nunca volverán a pertenecernos, pero se van de tu mano muchos pedazos de mí, como mi cordura y también mi capacidad de amar. Lo he repetido hasta la saciedad, me arrepiento de miles de actos que he hecho sin pensar, como tomar un té caliente en la cama sabiendo que me lo iba a echar por encima, pero jamás voy a arrepentirme de no haber parado a tiempo, de no haber dicho "somos amigos" cuando me moría por un beso tuyo, de haber vuelto una y mil veces de rodillas como una peregrina a tu infierno. De haberte elegido como mi ángel redentor entre todo lo real. 
Aún hoy se siguen construyendo en mi cabeza todos tus gestos y cada vez que escucho tu nombre se abre un poco más esta herida y formulo tu cara, casi como un milagro. Y vuelvo a todo lo que nos hicimos, y me pregunto qué nos hemos hecho. A veces pienso que toda la armonía y felicidad del último tiempo en el fondo fue tu forma de decirme adiós de la manera más cariñosa que sabías. Después asumo que ya me mentí demasiado como para seguir lastimándome más. Que ya está. Que después de estos años de lucha contra mí misma, contra mí por vos, al fin te pude soltar. Libre de vos y también de mí.