martes, 18 de marzo de 2014

En cada punto cardinal para perderme por tu cuerpo, es de noche.

Recuerdo a la que era hace algunos años.
Probablemente estuvo escribiendo poesía para otro a la misma hora,
el mismo día, y no lo dudo porque estamos en marzo
y el 26 serían tres años de una de las mejores noches.
Antes marzo me encantaba y me llenaba de viajes al pasado.
Pero tuvo que existir esa noche a las tres de la mañana.
Tuve que verte ahí, tuve que hablarte.
Todo pasa por algo, y por algo tuve que enamorarme.
Ya no tengo inspiración,
mataste a todas mis musas y robaste mi abecedario.
Estoy vacía, oscura y rara.
Me desconozco.
No sé quien es la persona que me devuelve la mirada ante el espejo.
Pero me da tanta lástima,
se la ve tan triste
y llena de esa soledad que va acompañada de personas
que la dejaron sola.
Intuyo en sus ojos que se encuentra repleta de eco,
porque en su interior no hay nada.
Y es así como vos la dejaste, llena de silencio.
Como el beso de un siniestro dementor son tus besos,
que te quitan el alma y entonces...
La nada.
La noche, siempre la noche,
cada mañana cuando sale el sol,
en cada rincón de la casa,
cada esquina invadida por tu sonrisa,
en cada punto cardinal para perderme por tu cuerpo,
tu pecho, tu cuello, tu abrazo,
en cada objeto que sos vos es de noche.
Y es una noche tan azul, amor,
pero no el azul que me devuelve a vos,
sino el azul de la muerte.
El azul de las noches que no te tengo
y que no soy capaz de encontrar ni siquiera la palabra más sencilla.
Hola, ¿cómo estás?
          Hola, hace frío.
                     Hola, es de noche...

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