domingo, 19 de septiembre de 2010

HIT

Ocho y media de la tarde, sábado once de septiembre de dos mil diez. Estás en un sitio que no es habitual en ti, al otro lado de la ciudad, muy lejos de tu casa. Giras bruscamente, para intentar evitar algo que se cruza en tu camino, aquello que está delante tuyo también salta.¿Qué ocurre exactamente? Los dos caen al suelo, no sé con certeza qué sucedió. Ambos están tumbados, tapándose las caras, cubriéndose los cuerpos, pero uno tenía que salir mal y parece que ese siempre eres tú. Sigues con las manos en la cara, pero ahora estas están cubiertas de sangre. ¿Qué está pasando? ¿Por qué no puedo correr a tu lado, preguntarte cómo estás y asegurarte que todo va a acabar bien? ¿Por qué la vida es tan injusta? Yo estoy a muchísima distancia de ti, del lugar en el que te encuentras, pero me acerco de alguna manera y te miro de perfil: sangre en el pelo, en el cuello, en las orejas, en las mejillas, en la ropa...Todos te rodean, ninguno soy yo. Te sacan del centro de la carretera, te tocan personas con ropa fluorescente y lo hacen con guantes. Te sientas, como puedes, después de unos dos minutos tumbado, con cara de dolor, sacudiendo lo pies, ' duele, duele, duele ', repites incesantemente. 'Tranquilo amor, fuerza grande, estoy ahí, a tu lado, tratando de darte mi aire para que sigas respirando, queriendo darte mi corazón para que el tuyo nunca deje de latir', pienso, pero tú no me escuchas, ¿por qué no lo haces? La impotencia, la preocupación y el miedo me invaden, pero no hay nada que pueda hacer para que todo se desvanezca. Desapareces un momento de mis pensamientos, para volver más tarde a ellos de una forma renovada. Has dejado que curen rápidamente tus heridas, te has levantado, has borrado todo rastro de dolor en tu cara, te has subido a tu moto y has acelerado. Debajo de los ojos está violeta, tu camiseta llena de sangre, pero ahí estás tú, sacando fuerza de donde no la hay para no dejarme esperándote al otro lado de la ciudad, para cruzar esa tierra que divide nuestras vidas. El viento golpea con furia tu cara, dolorida, pero a ti no te importa. Ese eres tú, el imparable, el fuerte, el guapo, el grande, el mejor, el mío

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